martes, 18 de febrero de 2020

AÑO GALDÓS

La mejor prueba de que un autor está vivo es la pervivencia de su obra. Y estos días, escritores actuales han estado debatiendo en los medios de comunicación sobre la actualidad e importancia de la obra del escritor canario. Con bastante controversia, por cierto. Algunos lo adoran y a otros no les parece tan increíble. En este artículo podéis leer toda la polémica (con los enlaces a los textos en los que cada escritor ha argumentado su postura) hasta la fecha. Es posible que todavía no haya acabado.

Y veamos un ejemplo de su estilo, de la novela Fortunata y Jacinta:

[Juanito y Fortunata se encuentran a pesar de estar ambos casados]  

Se consideraba Fortunata en aquel caso como ciego mecanismo que recibe impulso de sobrenatural mano. Lo que había hecho, hacíalo, a juicio suyo, por disposición de las misteriosas energías que ordenan las cosas más grandes del universo, la salida del sol y la caída de los cuerpos graves. Y ni podía dejar de hacerlo, ni discutía lo inevitable, ni intentaba atenuar su responsabilidad, porque esta no la veía muy clara, y aunque la viese, era persona tan firme en su dirección, que no se detenía ante ninguna consecuencia, y se conformaba, tal era su idea, con ir al infierno. [...]  
—Esto de alquilar la casa próxima a la tuya —dijo Santa Cruz—, es una calaverada que no puede disculparse sino por la demencia en que yo estaba, niña mía, y por mi furor de verte y hablarte. ¡Cuando supe que habías venido a Madrid, me entró un delirio...! Yo tenía contigo una deuda del corazón y el cariño que te debía me pesaba en la conciencia. Me volví loco, te busqué como se busca lo que más queremos en el mundo. No te encontré; a la vuelta de una esquina me acechaba una pulmonía para darme el estacazo..., caí.
—¡Pobrecito mío!... Lo supe, sí. También supe que me buscaste. ¡Dios te lo pague! Si lo hubiera sabido antes me habrías encontrado. [...] ¡Qué guapo estás! 
—Pues ¿y tú? ¡Estás preciosísima!... Estás ahora mucho mejor que antes. —¡Ah!, no —repuso ella con cierta coquetería—. ¿Lo dices porque me he civilizado algo? ¡Quiá! No lo creas: yo no me civilizo, ni quiero; soy siempre pueblo; quiero ser como antes, como cuanto tú me echaste el lazo y me cogiste. [...]
—Me parece mentira —dijo él— que te tengo aquí, cogida otra vez con lazo, fierecita mía, y que puedo pedirte perdón por todo el mal que te he hecho...
—Quita allá... ¡perdón! —exclamó la joven anegándose en su propia generosidad—. Si me quieres, ¿qué importa lo pasado?
En el mismo instante alzó la frente, y con satánica convicción, que tenía cierta hermosura por ser convicción y por ser satánica, se dejó decir estas arrogantes palabras:
—Mi marido eres tú..., todo lo demás... ¡papas! Elástica era la conciencia de Santa Cruz, mas no tanto que no sintiera cierto terror al oír expresión tan atrevida. Por corresponder, iba él a decir “mi mujer eres tú”; pero envainó su mentira, como el hombre prudente que reserva para los casos graves el uso de las armas. 

martes, 17 de diciembre de 2019

COMENTARIO DE TEXTO B


Sí estáis solos

(Anita Botwin, diario Público, 16 de diciembre de 2019)


«El patriarcado es un juez, que nos juzga por nacer y nuestro castigo es la violencia que no ves”.
Así arranca la letra creada por el grupo chileno feminista Las Tesis, que ya ha dado la vuelta al mundo, viralizando la sororidad  en forma de performances, replicando la primera que tuvo lugar con motivo del 25 de noviembre, Día Internacional Contra la Violencia Machista.
Mientras este movimiento performance se ha hecho imparable, otros siguen justificando a los violadores y maltratadores. Y es que la tarde del sábado se concentraron unas 400 personas en Aranda del Duero en apoyo a los agresores sexuales de una menor. Uno de los lemas de la convocatoria a favor de los tres encausados, decía así: “No estáis solos”.
Mientras escribo estas palabras no doy crédito a lo que está sucediendo. Me temo que en un momento álgido del movimiento feminista, en el que a nivel mundial, mujeres de toda condición, raza, género, situación social y origen, salimos a las calles para seguir peleando por nuestros derechos; por otro lado se encuentra una contrarreacción que llevamos años  sufriendo, pero que está llegando a límites preocupantes.
Pero sí, sí estáis solos. Menos de 400 personas os apoyaron. El resto, la gran mayoría estamos del lado de la víctima, igual que lo estuvimos con la víctima de La Manada o de Manresa, y lo seguiremos estando con tantas como por desgracia, tenga que ser. La Justicia tampoco ha estado con vosotros, porque por mucho que queráis seguir engañando, violar a una menor, es violar a una menor y lo triste es que no se os caiga la cara de la vergüenza al apoyarles.
Sí estáis solos, porque vosotros sois ruidosos y molestos, pero sois cada vez menos. Sí estáis solos con vuestros discurso de odio retrógrado en pleno siglo XXI. Vosotros cada vez sois menos y nosotras cada vez somos más y estamos cansadas, y estamos enfadadas y no vamos a seguir soportando más violencias.
Y a pesar de eso NO, no todo debe permitirse. Estamos normalizando situaciones que están llegando demasiado lejos. No. No todas las manifestaciones son legítimas. Las manifestaciones del Ku Klux Klan contra los derechos de los afroamericanos no eran legítimas y a día de hoy son duramente penadas. Las manifestaciones mostrando apoyo a un grupo de violadores no pueden ser legítimas porque atentan contra los derechos humanos, contra la dignidad de la víctima, que vive además en el mismo lugar en el que tienen lugar los hechos. [...]
Tenemos por delante un gran trabajo desde la sociedad civil y especialmente desde el feminismo para responder a estos ataques. Es necesaria hacer pedagogía, desmontar todos los bulos y fakes de los que se alimenta el machismo; desde las famosas denuncias falsas hasta la falsedad de que el hombre está desprotegido por la ley.
Escribo estas líneas desde el enfado, la incomprensión, la frustración, pero sobre todo desde la rabia transformada en lucha y en fuerza para que entre todas y todos podamos poner fin a la intolerancia y a los discursos de odio.



COMENTARIO DE TEXTO A


Yo también recelaba de Greta, hasta que oí a mi hija y a Ana Rosa Quintana

(Isaac Rosa, eldiario.es, 3 de diciembre de 2019)
Viene a España Greta Thunberg, y cada uno puede elegir su propia Greta: 1) el símbolo de la lucha contra el cambio climático Greta, 2) el referente para millones de jóvenes Greta, 3) la joven activista Greta, 4) la cría valiente pero con sobreexposición Greta, 5) la chica que debería estar en clase Greta, 6) la hasta en la sopa Greta, 7) la niñata insoportable Greta, 8) la inofensiva títere del poder Greta, 9) la loca esa de Greta.
En esa escala de Gretas, ¿en cuál se sitúan ustedes? No tiene que ser una posición fija, algunos nos hemos ido deslizando por la misma, hacia delante y hacia atrás según el momento. En mi caso, durante un tiempo me situé en la zona media, en el 4 ("cría valiente pero con sobreexposición"), y llegué a poner un pie en la casilla 5, con riesgo de dar el paso fácil a la 6, y desde ahí despeñarme por la escalera para acabar haciendo chistes sobre "la loca esa de Greta". [...]
Mi hija: tiene solo un año menos que Greta, y lleva ya tiempo sin perderse una movilización feminista ni una acción ecologista. Ecofeminismo, diríamos. El feminismo lo ha mamado en casa, y ha llegado a la adolescencia justo cuando la lucha feminista se convertía en el movimiento social más potente. Pero en su conciencia medioambiental ha sido decisivo el ejemplo de Greta, desde que la joven sueca empezó a faltar a clase y sentarse sola frente al parlamento sueco. Desde entonces, mi hija va a todas las sentadas frente al Congreso, asume y difunde los hábitos de vida que debemos cambiar, y sabe mucho más que yo de activismo medioambiental. [...]
Qué pronto se nos olvidan nuestros primeros pasos en el activismo, a menudo con causas que en su día eran vistas por nuestros mayores, por los mayores de cada época, con la misma condescendencia, incomprensión y resentimiento. Aquellas inocentes acampadas del 0'7, que no consiguieron gran cosa pero a muchos nos metieron de cabeza en el activismo social y político. O más reciente, esos niñatos del 15M, con sus manitas al aire, ¿se acuerdan?
Pero estos días no solo he oído a mi hija y a sus coetáneas. También he escuchado a Ana Rosa Quintana, y que me perdone por personificar en ella, que ni siquiera es la peor. He escuchado a Ana Rosa, y a algunos de sus colaboradores, y a varios presentadores de radio, y a numerosos tertulianos por todas las televisiones y radios, y a columnistas de prensa, y a varios políticos y ex políticos, todos hermanados en su ignorancia, repugnancia y mofa hacia la joven Greta Thunberg. Llevan más de un año riéndose de la niñata, malcriada, mesiánica, perturbada, histérica, mamarracha (palabras todas escuchadas esta semana); y ahora que viene a España ha estallado el jolgorio final, que va mucho más allá de Greta, incluye todo tipo de cuñadeces sobre el cambio climático propios del negacionismo más cobarde (ese de "yo no soy negacionista, yo defiendo que hay que hacer algo, peeeeero…").
Yo no sé si Greta va a conseguir mucho, poco o nada. Y tengo claro que frente a la grave crisis climática hace falta mucho más. Pero cuando escucho a mi hija, y a Ana Rosa y compañía, yo tengo claro cuál es mi lado.

lunes, 9 de diciembre de 2019

Cumbre sobre el clima. Greta Thunberg. Poesía contemporánea

De todo un poco.

Este artículo del escritor Isaac Rosa sobre Greta Thunberg me ha interesado. A ver qué os parece.

Y aprovecho para enlazar a un poema de María Salgado.
http://globorapido.blogspot.com/2016/06/video-de-la-ultima-pieza-que-presente_39.html

Y una noticia bien curiosa sobre una propuesta ortográfica de hace 100 años que a lo mejor os gustaría compartir. Y además también habla de vanguardismo.

viernes, 29 de noviembre de 2019

Homenaje a Natalia

Julio Cortázar
(1914-1984)


No se culpe a nadie
(Final del juego, 1956)


         El frío complica siempre las cosas, en verano se está tan cerca del mundo, tan piel contra piel, pero ahora a las seis y media su mujer lo espera en una tienda para elegir un regalo de casamiento, ya es tarde y se da cuenta de que hace fresco, hay que ponerse el pulóver azul, cualquier cosa que vaya bien con el traje gris, el otoño es un ponerse y sacarse pulóveres, irse encerrando, alejando. Sin ganas silba un tango mientras se aparta de la ventana abierta, busca el pulóver en el armario y empieza a ponérselo delante del espejo. No es fácil, a lo mejor por culpa de la camisa que se adhiere a la lana del pulóver, pero le cuesta hacer pasar el brazo, poco a poco va avanzando la mano hasta que al fin asoma un dedo fuera del puño de lana azul, pero a la luz del atardecer el dedo tiene un aire como de arrugado y metido para adentro, con una uña negra terminada en punta. De un tirón se arranca la manga del pulóver y se mira la mano como si no fuese suya, pero ahora que está fuera del pulóver se ve que es su mano de siempre y él la deja caer al extremo del brazo flojo y se le ocurre que lo mejor será meter el otro brazo en la otra manga a ver si así resulta más sencillo. Parecería que no lo es porque apenas la lana del pulóver se ha pegado otra vez a la tela de la camisa, la falta de costumbre de empezar por la otra manga dificulta todavía más la operación, y aunque se ha puesto a silbar de nuevo para distraerse siente que la mano avanza apenas y que sin alguna maniobra complementaria no conseguirá hacerla llegar nunca a la salida. Mejor todo al mismo tiempo, agachar la cabeza para calzarla a la altura del cuello del pulóver a la vez que mete el brazo libre en la otra manga enderezándola y tirando simultáneamente con los dos brazos y el cuello. En la repentina penumbra azul que lo envuelve parece absurdo seguir silbando, empieza a sentir como un calor en la cara aunque parte de la cabeza ya debería estar afuera, pero la frente y toda la cara siguen cubiertas y las manos andan apenas por la mitad de las mangas, por más que tira nada sale afuera y ahora se le ocurre pensar que a lo mejor se ha equivocado en esa especie de cólera irónica con que reanudó la tarea, y que ha hecho la tontería de meter la cabeza en una de las mangas y una mano en el cuello del pulóver. Si fuese así su mano tendría que salir fácilmente, pero aunque tira con todas sus fuerzas no logra hacer avanzar ninguna de las dos manos aunque en cambio parecería que la cabeza está a punto de abrirse paso porque la lana azul le aprieta ahora con una fuerza casi irritante la nariz y la boca, lo sofoca más de lo que hubiera podido imaginarse, obligándolo a respirar profundamente mientras la lana se va humedeciendo contra la boca, probablemente desteñirá y le manchará la cara de azul. Por suerte en ese mismo momento su mano derecha asoma al aire, al frío de afuera, por lo menos ya hay una afuera aunque la otra siga apresada en la manga, quizá era cierto que su mano derecha estaba metida en el cuello del pulóver, por eso lo que él creía el cuello le está apretando de esa manera la cara, sofocándolo cada vez más, y en cambio la mano ha podido salir fácilmente. De todos modos y para estar seguro lo único que puede hacer es seguir abriéndose paso, respirando a fondo y dejando escapar el aire poco a poco, aunque sea absurdo porque nada le impide respirar perfectamente salvo que el aire que traga está mezclado con pelusas de lana del cuello o de la manga del pulóver, y además hay el gusto del pulóver, ese gusto azul de la lana que le debe estar manchando la cara ahora que la humedad del aliento se mezcla cada vez más con la lana, y aunque no puede verlo porque si abre los ojos las pestañas tropiezan dolorosamente con la lana, está seguro de que el azul le va envolviendo la boca mojada, los agujeros de la nariz, le gana las mejillas, y todo eso lo va llenando de ansiedad y quisiera terminar de ponerse de una vez el pulóver sin contar que debe ser tarde y su mujer estará impacientándose en la puerta de la tienda. Se dice que lo más sensato es concentrar la atención en su mano derecha, porque esa mano por fuera del pulóver está en contacto con el aire frío de la habitación, es como un anuncio de que ya falta poco y además puede ayudarlo, ir subiendo por la espalda hasta aferrar el borde inferior del pulóver con ese movimiento clásico que ayuda a ponerse cualquier pulóver tirando enérgicamente hacia abajo. Lo malo es que aunque la mano palpa la espalda buscando el borde de lana, parecería que el pulóver ha quedado completamente arrollado cerca del cuello y lo único que encuentra la mano es la camisa cada vez más arrugada y hasta salida en parte del pantalón, y de poco sirve traer la mano y querer tirar de la delantera del pulóver porque sobre el pecho no se siente más que la camisa, el pulóver debe haber pasado apenas por los hombros y estará ahí arrollado y tenso como si él tuviera los hombros demasiado anchos para ese pulóver, lo que en definitiva prueba que realmente se ha equivocado y ha metido una mano en el cuello y la otra en una manga, con lo cual la distancia que va del cuello a una de las mangas es exactamente la mitad de la que va de una manga a otra, y eso explica que él tenga la cabeza un poco ladeada a la izquierda, del lado donde la mano sigue prisionera en la manga, si es la manga, y que en cambio su mano derecha que ya está afuera se mueva con toda libertad en el aire aunque no consiga hacer bajar el pulóver que sigue como arrollado en lo alto de su cuerpo. Irónicamente se le ocurre que si hubiera una silla cerca podría descansar y respirar mejor hasta ponerse del todo el pulóver, pero ha perdido la orientación después de haber girado tantas veces con esa especie de gimnasia eufórica que inicia siempre la colocación de una prenda de ropa y que tiene algo de paso de baile disimulado, que nadie puede reprochar porque responde a una finalidad utilitaria y no a culpables tendencias coreográficas. En el fondo la verdadera solución sería sacarse el pulóver puesto que no ha podido ponérselo, y comprobar la entrada correcta de cada mano en las mangas y de la cabeza en el cuello, pero la mano derecha desordenadamente sigue yendo y viniendo como si ya fuera ridículo renunciar a esa altura de las cosas, y en algún momento hasta obedece y sube a la altura de la cabeza y tira hacia arriba sin que él comprenda a tiempo que el pulóver se le ha pegado en la cara con esa gomosidad húmeda del aliento mezclado con el azul de la lana, y cuando la mano tira hacia arriba es un dolor como si le desgarraran las orejas y quisieran arrancarle las pestañas. Entonces más despacio, entonces hay que utilizar la mano metida en la manga izquierda, si es la manga y no el cuello, y para eso con la mano derecha ayudar a la mano izquierda para que pueda avanzar por la manga o retroceder y zafarse, aunque es casi imposible coordinar los movimientos de las dos manos, como si la mano izquierda fuese una rata metida en una jaula y desde afuera otra rata quisiera ayudarla a escaparse, a menos que en vez de ayudarla la esté mordiendo porque de golpe le duele la mano prisionera y a la vez la otra mano se hinca con todas sus fuerzas en eso que debe ser su mano y que le duele, le duele a tal punto que renuncia a quitarse el pulóver, prefiere intentar un último esfuerzo para sacar la cabeza fuera del cuello y la rata izquierda fuera de la jaula y lo intenta luchando con todo el cuerpo, echándose hacia adelante y hacia atrás, girando en medio de la habitación, si es que está en el medio porque ahora alcanza a pensar que la ventana ha quedado abierta y que es peligroso seguir girando a ciegas, prefiere detenerse aunque su mano derecha siga yendo y viniendo sin ocuparse del pulóver, aunque su mano izquierda le duela cada vez más como si tuviera los dedos mordidos o quemados, y sin embargo esa mano le obedece, contrayendo poco a poco los dedos lacerados alcanza a aferrar a través de la manga el borde del pulóver arrollado en el hombro, tira hacia abajo casi sin fuerza, le duele demasiado y haría falta que la mano derecha ayudara en vez de trepar o bajar inútilmente por las piernas, en vez de pellizcarle el muslo como lo está haciendo, arañándolo y pellizcándolo a través de la ropa sin que pueda impedírselo porque toda su voluntad acaba en la mano izquierda, quizá ha caído de rodillas y se siente como colgado de la mano izquierda que tira una vez más del pulóver y de golpe es el frío en las cejas y en la frente, en los ojos, absurdamente no quiere abrir los ojos pero sabe que ha salido fuera, esa materia fría, esa delicia es el aire libre, y no quiere abrir los ojos y espera un segundo, dos segundos, se deja vivir en un tiempo frío y diferente, el tiempo de fuera del pulóver, está de rodillas y es hermoso estar así hasta que poco a poco agradecidamente entreabre los ojos libres de la baba azul de la lana de adentro, entreabre los ojos y ve las cinco uñas negras suspendidas apuntando a sus ojos, vibrando en el aire antes de saltar contra sus ojos, y tiene el tiempo de bajar los párpados y echarse atrás cubriéndose con la mano izquierda que es su mano, que es todo lo que le queda para que lo defienda desde dentro de la manga, para que tire hacia arriba el cuello del pulóver y la baba azul le envuelva otra vez la cara mientras se endereza para huir a otra parte, para llegar por fin a alguna parte sin mano y sin pulóver, donde solamente haya un aire fragoroso que lo envuelva y lo acompañe y lo acaricie y doce pisos.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Comentario de texto para el martes 12 de noviembre


Si hemos entendido bien el anuncio lanzado estos días por Coca-Cola a toda página, resulta que Coca-Cola no es Coca-Cola, de ahí que carezca de responsabilidades en los despidos que Coca-Cola pretendía llevar a cabo en algunas de sus plantas embotelladoras. Jamás se nos pasó por la cabeza, la verdad, que Coca-Cola no fuera Coca-Cola. Nunca el capitalismo indefinido se había expresado con esta claridad. Pero tal es el quid de la cuestión. Las grandes marcas, sin dejar de ser ellas, podrán no serlo en el futuro cuando las circunstancias así lo requieran. Es como si yo, que soy Juan José Millás, dejara de serlo cuando me pillaran atracando una mercería. Tras la acusación policial, lanzaría un comunicado de siete u ocho puntos explicando a la opinión pública que Juan José Millás no es Juan José Millás. Pidan ustedes responsabilidades por el atraco a la planta embotelladora de Juan José Millás.
Ahora bien, mucho me temo que esta nueva modalidad de existencia consistente en ser y no ser al mismo tiempo quedará reservada para las grandes fortunas. Las clases medias no dispondremos de medios para el alquiler de avatares que nos hagan el trabajo sucio. Si usted necesita romper con su cónyuge tendrá que hacerlo sin intermediarios. No le será posible ser sustituido por una planta embotelladora contratada para estos fines. No podrá solicitar el divorcio asegurando que usted, Francisco López García, por poner un ejemplo, no es Francisco López García en el momento de la ruptura. “Yo soy el que soy”, le dijo Dios a Moisés. Esta frase posee una carga semántica de tal naturaleza que ha recorrido los siglos siendo objeto de multitud de interpretaciones. Nadie había sido capaz de superarla. Nadie, excepto Coca-Cola, que al decir “Yo soy la que no soy”, ha colocado el listón en un lugar imposible de superar incluso para Dios.
(Juan José Millás: "Yo soy el que soy", El País, 21 de febrero de 2014)

viernes, 8 de noviembre de 2019

SALVADOR DALÍ & LAS MENINAS

«Si se hubiera quemado el Museo del Prado, ¿qué hubiese salvado usted?»
«Dalí se llevaría nada menos que el aire, y específicamente el aire contenido en Las Meninas de Velázquez, que es el aire de mejor calidad que existe.»
https://www.youtube.com/watch?v=WG3wuWS6K9c
Una anécdota curiosa para el tema de la generación del 27.