de que el asteroide que cayó en la Tierra acabara con los dinosaurios...
En este interesante artículo se narra lo que sucedió aquel día.
Bienvenidos al nuevo curso de Lengua castellana y Literatura 2019-2020.
lunes, 9 de septiembre de 2019
jueves, 23 de mayo de 2019
OTROS DOS POEMAS SOBRE LA LUNA
En este enlace hay dos poema sobre Li Po, ¿o son sobre la luna?, ¿o sobre el amor?
miércoles, 22 de mayo de 2019
Comentario de texto CALDERÓN
JORNADA I
SEGISMUNDO
¡Ay mísero de mí! ¡Y ay infelice!
Apurar, cielos, pretendo
ya que me tratáis así,
qué delito cometí
contra vosotros naciendo;
aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido.
Bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor;
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido.
Sólo quisiera saber,
para apurar mis desvelos
(dejando a una parte, cielos,
el delito de nacer),
qué más os pude ofender,
para castigarme más.
¿No nacieron los demás?
Pues si los demás nacieron,
¿qué privilegios tuvieron
que yo no gocé jamás?
Nace el ave, y con las galas
que le dan belleza suma,
apenas es flor de pluma,
o ramillete con alas
cuando las etéreas salas
corta con velocidad,
negándose a la piedad
del nido que deja en calma:
¿y teniendo yo más alma,
tengo menos libertad?
Nace el bruto, y con la piel
que dibujan manchas bellas,
apenas signo es de estrellas,
gracias al docto pincel,
cuando, atrevido y crüel,
la humana necesidad
le enseña a tener crueldad,
monstruo de su laberinto:
¿y yo con mejor distinto
tengo menos libertad?
La vida es sueño, Calderón de la Barca
SEGISMUNDO
¡Ay mísero de mí! ¡Y ay infelice!
Apurar, cielos, pretendo
ya que me tratáis así,
qué delito cometí
contra vosotros naciendo;
aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido.
Bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor;
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido.
Sólo quisiera saber,
para apurar mis desvelos
(dejando a una parte, cielos,
el delito de nacer),
qué más os pude ofender,
para castigarme más.
¿No nacieron los demás?
Pues si los demás nacieron,
¿qué privilegios tuvieron
que yo no gocé jamás?
Nace el ave, y con las galas
que le dan belleza suma,
apenas es flor de pluma,
o ramillete con alas
cuando las etéreas salas
corta con velocidad,
negándose a la piedad
del nido que deja en calma:
¿y teniendo yo más alma,
tengo menos libertad?
Nace el bruto, y con la piel
que dibujan manchas bellas,
apenas signo es de estrellas,
gracias al docto pincel,
cuando, atrevido y crüel,
la humana necesidad
le enseña a tener crueldad,
monstruo de su laberinto:
¿y yo con mejor distinto
tengo menos libertad?
La vida es sueño, Calderón de la Barca
miércoles, 15 de mayo de 2019
Comentario de texto Galdós
Dos caras, como algunas personas, tiene la parroquia de San Sebastián... mejor será decir la iglesia... dos caras que seguramente son más graciosas que bonitas: con la una mira a los barrios bajos, enfilándolos por la calle de Cañizares; con la otra al señorío mercantil de la Plaza del Ángel. Habréis notado en ambos rostros una fealdad risueña, del más puro Madrid, en quien el carácter arquitectónico y el moral se aúnan maravillosamente. En la cara del Sur campea, sobre una puerta chabacana, la imagen barroca del santo mártir, retorcida, en actitud más bien danzante que religiosa; en la del Norte, desnuda de ornatos, pobre y vulgar, se alza la torre, de la cual podría creerse que se pone en jarras, soltándole cuatro frescas a la Plaza del Ángel. Por una y otra banda, las caras o fachadas tienen anchuras, quiere decirse, patios cercados de verjas mohosas, y en ellos tiestos con lindos arbustos, y un mercadillo de flores que recrea la vista. En ninguna parte como aquí advertiréis el encanto, la simpatía, el ángel, dicho sea en andaluz, que despiden de sí, como tenue fragancia, las cosas vulgares, o algunas de las infinitas cosas vulgares que hay en el mundo. Feo y pedestre como un pliego de aleluyas o como los romances de ciego, el edificio bifronte, con su torre barbiana, el cupulín de la capilla de la Novena, los irregulares techos y cortados muros, con su afeite barato de ocre, sus patios floridos, sus hierros mohosos en la calle y en el alto campanario, ofrece un conjunto gracioso, picante, majo, por decirlo de una vez. Es un rinconcito de Madrid que debemos conservar cariñosamente, como anticuarios coleccionistas, porque la caricatura monumental también es un arte. Admiremos en este San Sebastián, heredado de los tiempos viejos, la estampa ridícula y tosca, y guardémoslo como un lindo mamarracho.
Benito Pérez Galdós, Misericordia (1897)
Benito Pérez Galdós, Misericordia (1897)
miércoles, 10 de abril de 2019
Comentario de texto
La incorporación de la pelirroja en el universo emoji suscita preguntas. Yo había percibido en los códigos del WhatsApp una preferencia por el amor frente al odio; deportes frente a artes; profesiones medias o espectaculares frente a oficios de clase obrera: astronautas, cantantes de pop-rock o zombis son porcentualmente más visibles que mecánicos y agricultoras. No hay cajeras de supermercado ni kellys. Es curiosa la obsesión por los emoticonos de comidas, campo semántico de gran protagonismo en nuestro tiempo. ¿De dónde proviene ese afán por la representación del sashimi, donuts rosados, lechugas o patas de cerdo asadas que no son jamones? La comida pintada tiene algo inquietante, pero además ¿por qué comidas y no monumentos?, ¿por qué la pata de cerdo que no es jamón? Estas selecciones trazan el mapa del ciberfetiche, la pseudointerculturalidad y el papanatismo futurista. El futuro ya está aquí y es superchorra. Pese a la complejidad supuestamente democrática en los procesos de selección de los emoticonos, siempre ganan los mismos. Yo soy una incoherente —pero limpia y muy honrada— y me encanta escribir mensajes de WhatsApp: no redacto epístolas morales a Fabio con ortografía impoluta, sino que utilizo la voltereta lateral de la gimnasta —también el solomillo— para expresar alegría, o la pierna flexionada como invitación a la sensualidad y al placer. La halterófila habla de mis esfuerzos laborales. Los iconos del pensamiento positivo me incitan a sentir amor extremo por las personas con quienes intercambio mensajes: es tan fácil amar así… Quizá no sería descabellado comenzar a escribir whatsapps siguiendo los preceptos de la Real Academia y novelas emoticónicas. Quizá esta contractura disolvería nuestra civilización.
Soy adepta a medir los versos, los artificios camp, los rabillos de los ojos de los setenta, la farmacopea y los robots en las operaciones de próstata: no quiero que se me malinterprete. Porque hoy mi desconcierto parte de la pelirroja que se despliega en el cuadro de mandos del smartphone con la tez amarillenta, blanca, mulata, negra. Las variedades mestizas del emoji pelirrojo, sus inquietantes posibilidades fantásticas, habitan las calles gracias a los tintes, pelucas o maquillajes, y me llevan a experimentar una desazón ética que oscila entre la necesidad de proteger a las personas albinas perseguidas y la desazón de transformar la propia anatomía con retorcimientos que rozan lo patológico. Pienso en el hombre gato, las adicciones quirúrgicas, el límite que separa pintalabios de bisturíes, los cánones y la violencia —cultural y económica— que entraña elegir un cuerpo para la foto: echen un vistazo a las parodias de Celeste Barber cuyo objetivo son los posados de Instagram. El cuerpo se clavetea para la foto, duele y, en esa búsqueda de sentirnos bien, nos sentimos fatal vendiendo joie de vivre. Creo que una operación de cambio de sexo es sustancialmente diferente del culo hipertrofiado de Kim Kardashian. Pienso en el origen de nuestros deseos y las necesidades creadas por los intereses económicos. El respeto a la diversidad, traducido en la corrección política del emoji, puede ser un modo epidérmico de no discriminación, pero también una engañifa que incite a creer que la felicidad se reparte igual en todo el planeta y que en la ortopedia reside parte de esa felicidad. Hay un problema ético y social profundo, no solo de libertades individuales, en la presuposición falsa de un bienestar globalizado. También en la decisión de sacarse un ojo sano para sustituirlo por uno de cristal. (Marta Sanz, ”Pelirroja“, El País, 8 de abril de 2019)
Soy adepta a medir los versos, los artificios camp, los rabillos de los ojos de los setenta, la farmacopea y los robots en las operaciones de próstata: no quiero que se me malinterprete. Porque hoy mi desconcierto parte de la pelirroja que se despliega en el cuadro de mandos del smartphone con la tez amarillenta, blanca, mulata, negra. Las variedades mestizas del emoji pelirrojo, sus inquietantes posibilidades fantásticas, habitan las calles gracias a los tintes, pelucas o maquillajes, y me llevan a experimentar una desazón ética que oscila entre la necesidad de proteger a las personas albinas perseguidas y la desazón de transformar la propia anatomía con retorcimientos que rozan lo patológico. Pienso en el hombre gato, las adicciones quirúrgicas, el límite que separa pintalabios de bisturíes, los cánones y la violencia —cultural y económica— que entraña elegir un cuerpo para la foto: echen un vistazo a las parodias de Celeste Barber cuyo objetivo son los posados de Instagram. El cuerpo se clavetea para la foto, duele y, en esa búsqueda de sentirnos bien, nos sentimos fatal vendiendo joie de vivre. Creo que una operación de cambio de sexo es sustancialmente diferente del culo hipertrofiado de Kim Kardashian. Pienso en el origen de nuestros deseos y las necesidades creadas por los intereses económicos. El respeto a la diversidad, traducido en la corrección política del emoji, puede ser un modo epidérmico de no discriminación, pero también una engañifa que incite a creer que la felicidad se reparte igual en todo el planeta y que en la ortopedia reside parte de esa felicidad. Hay un problema ético y social profundo, no solo de libertades individuales, en la presuposición falsa de un bienestar globalizado. También en la decisión de sacarse un ojo sano para sustituirlo por uno de cristal. (Marta Sanz, ”Pelirroja“, El País, 8 de abril de 2019)
viernes, 29 de marzo de 2019
Otro comentario
Mientras en la ciudad australiana de Adelaida los termómetros superaban los 46 °C, en Chicago caían por debajo de los 30 °C. En la visión simplista del cambio climático que tiene Donald Trump, calentamiento global quiere decir calor y no frío, y por eso se permitió hacer broma. Pero el clima no está para bromas. Con estas manifestaciones extremas, cada vez más frecuentes, la Tierra se queja de la primera de las tres fracturas metabólicas a las que la humanidad la ha sometido en su afán por explotar los recursos naturales. Sobre esas fracturas escribe Joaquim Sempere en su último libro, Las cenizas de Prometeo.
La primera fractura es la energética y se produjo cuando la humanidad dejó de abastecerse de la energía procedente del sol, en una economía circular mediatizada por la fotosíntesis, y pasó a utilizar energías fósiles de forma masiva. Primero el carbón y luego el petróleo y el gas. A diferencia del modelo anterior, basado en energía renovable, las energías fósiles podían acumularse en grandes cantidades. Los avances científicos y el nuevo modelo energético permitieron el gran salto de la revolución industrial. Las consecuencias de las otras dos fracturas —el agotamiento de las tierras y los minerales— vendrán más tarde, pero las de la fractura energética ya están aquí. Cuanto antes emprendamos la transición hacia fuentes renovables y volvamos a una economía circular, mejor. Si no, lo tendremos que hacer a las bravas.
El problema es que no somos conscientes de la urgencia de actuar. El cambio climático es un fenómeno complejo que avanza de forma inexorable y que, a partir de ciertos parámetros, tiene efectos irreversibles. Joaquim Sempere utiliza una metáfora que ilustra bien la dificultad de percibir el riesgo en este tipo de dinámicas exponenciales: “Si en un estanque con agua crece un nenúfar y sabemos que cada día se duplica la superficie de agua cubierta por las hojas y que el estanque quedará totalmente tapado a los 30 días, ¿cuál será el día en que la mitad del estanque quedará cubierta? Respuesta: el día 29. El día 26 el nenúfar solo cubrirá 1/16 parte. Parecerá que estamos lejos del desenlace. ¿Y el día 27 solo una octava parte?”. ¿En qué día estamos en el avance exponencial del nenúfar del cambio climático en el estanque planetario? Puede que cuando percibamos la inminencia del peligro sea ya demasiado tarde. (Milagros Pérez Oliva, “El nenúfar del cambio climático”, El País, 7 de febrero de 2019)
La primera fractura es la energética y se produjo cuando la humanidad dejó de abastecerse de la energía procedente del sol, en una economía circular mediatizada por la fotosíntesis, y pasó a utilizar energías fósiles de forma masiva. Primero el carbón y luego el petróleo y el gas. A diferencia del modelo anterior, basado en energía renovable, las energías fósiles podían acumularse en grandes cantidades. Los avances científicos y el nuevo modelo energético permitieron el gran salto de la revolución industrial. Las consecuencias de las otras dos fracturas —el agotamiento de las tierras y los minerales— vendrán más tarde, pero las de la fractura energética ya están aquí. Cuanto antes emprendamos la transición hacia fuentes renovables y volvamos a una economía circular, mejor. Si no, lo tendremos que hacer a las bravas.
El problema es que no somos conscientes de la urgencia de actuar. El cambio climático es un fenómeno complejo que avanza de forma inexorable y que, a partir de ciertos parámetros, tiene efectos irreversibles. Joaquim Sempere utiliza una metáfora que ilustra bien la dificultad de percibir el riesgo en este tipo de dinámicas exponenciales: “Si en un estanque con agua crece un nenúfar y sabemos que cada día se duplica la superficie de agua cubierta por las hojas y que el estanque quedará totalmente tapado a los 30 días, ¿cuál será el día en que la mitad del estanque quedará cubierta? Respuesta: el día 29. El día 26 el nenúfar solo cubrirá 1/16 parte. Parecerá que estamos lejos del desenlace. ¿Y el día 27 solo una octava parte?”. ¿En qué día estamos en el avance exponencial del nenúfar del cambio climático en el estanque planetario? Puede que cuando percibamos la inminencia del peligro sea ya demasiado tarde. (Milagros Pérez Oliva, “El nenúfar del cambio climático”, El País, 7 de febrero de 2019)
lunes, 25 de marzo de 2019
Comentario de texto
El glutamato: un aditivo que potencia el sabor… y el hambre
El País, 13/12/2005
Hace ya cierto tiempo que los especialistas consideran que la epidemia de obesidad que afecta a los países industrializados no es sólo un problema de equilibrio entre las calorías que se ingieren y las que se gastan. Investigaciones realizadas en la Universidad Complutense de Madrid sugieren que la ingesta de alimentos que contienen glutamato monosódico, un potenciador del sabor conocido como E-621, despierta un hambre ansiosa, hasta el punto de que incrementa la voracidad en las ratas estudiadas en el 40%. Según estas investigaciones, el glutamato actúa sobre las neuronas de una región cerebral llamada el núcleo arcuato, e impide el buen funcionamiento de los mecanismos inhibidores del apetito. (…)
Como aditivo potenciador del sabor es muy utilizado en los restaurantes y también se añade a un sinfín de alimentos envasados o preparados, como las salchichas, las patatas fritas, los ganchitos, los quicos y demás aperitivos para adultos y chucherías para niños que se consumen profusamente. En el envase suele figurar que el producto contiene E-621, pero no la cantidad exacta. Por ejemplo, una ración de comida preparada a la que se le ha añadido glutamato lleva seis gramos de este producto por kilogramo. En el caso de las patatas fritas, se incluyen cuatro gramos por la misma cantidad y, en el de las salchichas, seis. (…)
Su uso creciente en alimentos envasados podría tener efectos graves indirectos sobre la tendencia a la obesidad al aumentar la sensación de hambre, y a partir de ciertas cantidades, también podría tener efectos tóxicos sobre el organismo del consumidor. "Hemos realizado", explica un investigador de la Complutense, "diferentes investigaciones con ratas adultas, en crías recién nacidas y en ratas gestantes, a las que hemos inyectado glutamato monosódico en altas dosis. En todos los casos hemos observado que modifica el patrón de conducta del apetito y la saciedad, y también hemos visto efectos neurotóxicos, mayores cuanto más inmaduro o vulnerable fuera el animal estudiado. Esa neurotoxicidad destruye partes del cerebro involucradas en el control del apetito y disminuye, además, la producción de la hormona del crecimiento, responsable de que haya más músculo y menos grasa. Y esto también lo hemos comprobado en ingesta por vía oral".
El País, 13/12/2005
Hace ya cierto tiempo que los especialistas consideran que la epidemia de obesidad que afecta a los países industrializados no es sólo un problema de equilibrio entre las calorías que se ingieren y las que se gastan. Investigaciones realizadas en la Universidad Complutense de Madrid sugieren que la ingesta de alimentos que contienen glutamato monosódico, un potenciador del sabor conocido como E-621, despierta un hambre ansiosa, hasta el punto de que incrementa la voracidad en las ratas estudiadas en el 40%. Según estas investigaciones, el glutamato actúa sobre las neuronas de una región cerebral llamada el núcleo arcuato, e impide el buen funcionamiento de los mecanismos inhibidores del apetito. (…)
Como aditivo potenciador del sabor es muy utilizado en los restaurantes y también se añade a un sinfín de alimentos envasados o preparados, como las salchichas, las patatas fritas, los ganchitos, los quicos y demás aperitivos para adultos y chucherías para niños que se consumen profusamente. En el envase suele figurar que el producto contiene E-621, pero no la cantidad exacta. Por ejemplo, una ración de comida preparada a la que se le ha añadido glutamato lleva seis gramos de este producto por kilogramo. En el caso de las patatas fritas, se incluyen cuatro gramos por la misma cantidad y, en el de las salchichas, seis. (…)
Su uso creciente en alimentos envasados podría tener efectos graves indirectos sobre la tendencia a la obesidad al aumentar la sensación de hambre, y a partir de ciertas cantidades, también podría tener efectos tóxicos sobre el organismo del consumidor. "Hemos realizado", explica un investigador de la Complutense, "diferentes investigaciones con ratas adultas, en crías recién nacidas y en ratas gestantes, a las que hemos inyectado glutamato monosódico en altas dosis. En todos los casos hemos observado que modifica el patrón de conducta del apetito y la saciedad, y también hemos visto efectos neurotóxicos, mayores cuanto más inmaduro o vulnerable fuera el animal estudiado. Esa neurotoxicidad destruye partes del cerebro involucradas en el control del apetito y disminuye, además, la producción de la hormona del crecimiento, responsable de que haya más músculo y menos grasa. Y esto también lo hemos comprobado en ingesta por vía oral".
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