sábado, 11 de noviembre de 2017

Nuevas formas artísticas

A veces me preguntáis qué está pasando en la literatura actual. Aquí os enlazo a un artículo sobre nuevas manifestaciones del teatro, la poesía, la performance... Nadie sabe a ciencia cierta cómo llamar a lo que se está haciendo en la escena contemporánea. Y, además, si leéis el artículo, no está exento de polémica.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Ejemplo de la pregunta crítica de un libro de lectura

Os (re)copio aquí un ejemplo de respuesta a la pregunta 5b de la EVAU: 
  1. Comente los aspectos más relevantes de la obra de los siglos XVIII o XIX que haya leído en relación con su contexto histórico y literario. (1 punto)
En este caso se trata de una valoración crítica del libro de Gustavo Adolfo Bécquer intitulado Rimas (siglo XIX), que probablemente habéis leído en 4.º ESO. Esta respuesta es de una compañera del instituto de hace unos años. Como veis, no se trata tanto de un texto cargadísimo de datos (aunque los hay), referencias o detalles minuciosos, sino que lo interesante es cómo va relacionando muchos aspectos del poemario de Bécquer con su contexto (lo que se pide), yendo y viniendo de un apartado a otro. Es una posibilidad de respuesta, no la única ni la mejor: por eso cada unx de vosotrxs debéis redactar la vuestra, personal e intransferible. Os puede servir como modelo para lo que tenéis que hacer vosotrxs con Luces de bohemia. Además podéis comprobar que más o menos tiene la extensión de lo que cabe en la cara manuscrita de un folio, que es lo que debería ocupar.


    A finales del siglo XVIII, la Declaración de Independencia de Estados Unidos y la Revolución Francesa pusieron en práctica los principios de liberalismo, la libertad individual, la igualdad ante la ley y la soberanía nacional. El movimiento cultural que se originó fue el Romanticismo, que supuso una ruptura con las reglas establecidas y la expresión de los sentimientos.
    Las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer pertenece a este movimiento. Esta obra, compuesta por 76 poemas, se caracterizan por la sencillez, la brevedad y la absoluta sinceridad, y refleja el aprecio que este autor sentía por la poesía tradicional. Esto se plasma en el uso predominante del cuarteto con rima asonante en los pares y la polimetría en los versos. Suele haber una estructura que comienza hablando de cosas generales para terminar en lo particular, es decir, el “yo”. Una de las figuras más utilizadas es el paralelismo acompañado de la anáfora. Destacan también las exclamaciones e interrogaciones retóricas (propias del Romanticismo), el hipérbaton («del salón en el ángulo oscuro»), la antítesis (yo/tú, llorar/reír) y la naturaleza simbólica. La principal finalidad de este autor es llegar al lector desde el intimismo, y no intentar que, por escribir de sentimientos, el lector se conmueva o se altere. 
    En cuanto a la estructura de la obra, comienza con una introducción sinfónica en la cual Bécquer afirma la constante lucha entre los sentimientos del poeta, sus ideas y su expresión, poniendo de manifiesto la dificultad de poner en palabras sus emociones. Además aquí también afirma que quiere que tras su muerte (aspecto por el que está bastante preocupado)  quede esta obra como una memoria del mismo, ya que refleja su parte más inconsciente, la más íntima y verdadera.
    Se podría dividir la obra en cuatro bloques. El primero compuesto por las rimas I-XI trata el tema de la propia poesía, su belleza («si hay belleza, hay poesía») y su inspiración.  La rima II es una descripción de sí mismo, un poeta sin rumbo. El segundo bloque compuesto por las rimas XII-XXIX trata el tema del amor ilusionado ya que lo compara con la naturaleza y hace mucho hincapié en los ojos de la amada. Este es un amor ideal, imposible. El tercer bloque compuesto por las rimas XXX-LI trata el desengaño amoroso: el dolor de la infidelidad, el anhelo por el pasado, el arrepentimiento por ser orgulloso. El último bloque trata del dolor y la angustia existencial. Se relacionan fenómenos de la naturaleza, como los huracanes, con el interior del poeta. Este teme a la soledad en el presente y  está frustrado por la muerte futura.

    Bécquer era un autor con un pensamiento realmente complejo, que a su vez vuelve complejo el mundo que le rodea y además supuso un gran cambio respecto al Romanticismo. Conseguía trasmitir sus sentimientos de forma sencilla y hoy es considerado un precursor del simbolismo. Por ello tuvo un gran éxito en su época y fue fundamental en Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado o algunos de los poetas del 27 (Cernuda o Salinas lo citan en sus obras). En la actualidad este libro es una de las colecciones poéticas más leídas y apreciadas.

Ejemplo de texto argumentativo

Cuelgo acá un texto argumentativo (pregunta 3 de la EVaU) de un compañero de 2.º Bachillerato de Humanidades —Edu Rus—, hecho en el espacio-tiempo de un examen real y que me parece muy acertado. El enunciado de la pregunta era el siguiente:
3. Elabore un texto argumentativo a favor o en contra de que el éxito en el deporte no se basa solo en el físico. [2 puntos]

     El deporte requiere habilidades físicas, técnicas y tácticas. Algunos llegan a la élite por designio divino, porque ya tienen un talento especial. Otros llegan mediante esfuerzo y ambición.
     El físico, claro está, ayuda a mejorar el rendimiento de un deportista, pero eso no lo es todo. No se puede llegar a ser futbolista sin saber patear un balón y no se puede ser tenista sin saber coger una raqueta. Podrás correr más rápido, podrás tener más resistencia, pero si no tienes cierta técnica en un deporte concreto, de nada sirve. Es como si dijéramos que con solo el físico podemos optar a cualquier deporte; si fuese así, los futbolistas podrían dedicarse al baloncesto, los tenistas al waterpolo...
     Al contrario, solo con talento no basta para tener éxito ya que necesitas tener un cuerpo entrenado y en forma para poder competir a un alto nivel. En cualquier deporte, si solo aguantas la mitad del tiempo, no te sirve de nada. Jugarás esa mitad de maravilla pero la segunda mitad del acto te verás superado por otros deportistas que han empleado más tiempo en trabajar su físico.
     Esto no quiere decir que es necesario llegar al máximo en los dos aspectos. Puedes complementar trabajo y físico según lo que te exija ese deporte en concreto o esa posición. Al final el éxito está en la virtud y la virtud es una buena mezcla entre físico y talento.

lunes, 30 de octubre de 2017

viernes, 27 de octubre de 2017

Nuevo comentario de texto para 2.º Bachillerato Humanidades

Metáforas peligrosas: el cáncer como lucha



Ni el metro tiene boca ni las páginas tienen pies. Y, sin embargo, hablamos de la boca del metro y de pies de página. Son las metáforas: el mecanismo lingüístico por el que nos referimos a algo utilizando palabras que, en principio, usamos para denominar a otro objeto simplemente porque creemos ver entre ellos una cierta semejanza o paralelismo. Las aberturas en la acera para bajar al metro nos recuerdan a una boca y la parte inferior de una página está abajo, como los pies.
Cuando nos hablan de metáforas solemos pensar en poetas y figuras literarias, pero lo cierto es que nuestro día a día está cuajado de usos metafóricos. De hecho, la metáfora es uno de los mecanismos más prolíficos de producción de nuevos significados, tanto para denominar objetos tangibles como para hablar de conceptos abstractos: los relojes tienen manecillas, las revoluciones estallan, la ciencia avanza y el tiempo vuela.

El pasado 19 de octubre se celebró el día mundial contra el cáncer de mama, y, a raíz de la conmemoración, fueron varias  las voces críticas que se alzaron pidiendo abandonar de una vez la tan manida expresión de referirse al cáncer como si se tratase de una lucha:
El problema de hablar del cáncer en términos de lucha es, fundamentalmente, un problema de metáforas. Porque la metáfora de la batalla para hablar del cáncer (o de enfermedades graves y largas en general) no afecta solo a una palabra en concreto, sino que se extiende a todas las expresiones que se usan para referirse a la enfermedad: se lucha contra el cáncer, se gana la batalla contra la enfermedad, los pacientes son luchadores, son valientes, no se rinden. La metáfora bélica es ubicua e impregna todo el discurso en torno a la enfermedad.
Y es que el extraño poder de contagiarlo todo es una de las características de las metáforas. Los usos metáforicos no son elementos inconexos que van flotando por la lengua a la deriva: al contrario, las metáforas que se usan en una lengua para abordar un mismo tema tienden a ser coherentes entre sí y a conformar archipiélagos de significado que nos permiten atisbar cómo una comunidad de hablantes entiende el mundo. En español, por ejemplo, nos referimos al tiempo en términos muy parecidos a las palabras con las que nos referimos al dinero: el tiempo lo perdemos, lo malgastamos, lo desperdiciamos, lo ahorramos, lo invertimos. El tiempo es oro, o al menos se comporta como él en términos de combinatoria lingüística.
Paradójicamente, las palabras que utilizamos para hablar de dinero conforman a su vez otro florido ramillete de metáforas que nos sugiere que, de alguna manera, entendemos el dinero como algo líquido: decimos que el dinero fluye, que las familias no tienen liquidez, que hay que inyectar capital, que los salarios se congelan, que los bancos cierran el grifo, que las empresas se hunden, que la economía se estanca. Metáforas todas ellas que apuntan en la misma dirección: el dinero es agua.
Cuando una metáfora se ha apropiado de un tema, es difícil que lo deje ir y suele condicionar las futuras metáforas que surgen en torno a ese dominio. En los últimos años, hemos visto surgir una aún incipiente pero prometedora constelación de usos metafóricos constituida por las palabras que usamos para referirnos a internet: hablamos de internet como si estuviera físicamente arriba, y por eso subimos fotos a internet, nos bajamos música y guardamos nuestros archivos en la nube. Lo esperable es que las futuras metáforas sobre internet sigan esta senda y mantengan la idea de que internet es algo tangible que está encima de nuestras cabezas.
La belleza de las metáforas reside en que a través de ellas podemos observar cómo aflora la conceptualización que hacen del mundo los hablantes de una lengua. Pero las metáforas entrañan también un peligro: el de que nos atrapen, hasta tal punto que nos quedemos encadenados a la metáfora hasta que ya ni siquiera sepamos pensar fuera de ellas. Y esa es exactamente la crítica de quienes reclaman otras formas de hablar del cáncer más allá de la narrativa única que representa la enfermedad como si fuese una batalla. Hablar de la enfermedad en términos bélicos desencadena unas consecuencias semánticas sutiles pero poderosas: si el cáncer se vence, si los pacientes luchan, si hay una batalla que librar, si, en definitiva, el cáncer es una guerra, entonces envuelta en la metáfora se nos está colando subliminalmente la noción de que la muerte o la convalecencia son formas de fallar, de rendirse, de perder. De fracasar, al fin y al cabo.
Y es que creemos que somos amos y señores de nuestras metáforas. Pero, en realidad, son ellas quienes nos esclavizan a nosotros.

jueves, 26 de octubre de 2017

Poema de Olvido García Valdés

escribir el miedo es escribir
despacio, con letra
pequeña y líneas separadas,
describir lo próximo, los humores,
la próxima inocencia
de lo vivo, las familiares
dependencias carnosas, la piel
sonrosada, sanguínea, las venas,
venillas, capilares




Y adjunto el cartel de la mesa redonda del martes 31 de octubre de 2017 en el Centro Cultural José Saramago, a las 12.00 hs. Entrada libre hasta completar aforo (podéis decírselo a vuestras familias)

martes, 24 de octubre de 2017

Comentario de texto

Este es el texto que tenéis que comentar. 2.º Bachillerato. Preguntas 1a, 1b, 1c y 2 de la EVaU:
La luz
Cuando los asuntos adquieren una complejidad tal que parece imposible orientarse para encontrar una salida o concederse una reflexión, conviene regresar al origen. Se especula mucho con la dimensión de una sociedad actual concentrada en las redes sociales y los mecanismos del espectáculo visual. Convertidos los humanos en fotógrafos de sí mismos, elaboran una versión de la realidad manipulada y acotada para dar la imagen soñada de uno a los demás. Pero son tantas las derivaciones y los entrecruzamientos que a ratos muchas personas tienen la sensación de haber sido abandonados en mitad del tráfico de una enorme autopista de la que no saben no ya cómo salir, sino ni tan siquiera cómo ponerse a resguardo. Quizá por todo ello es el momento perfecto para sentarse a mirar las películas que los hermanos Lumière y sus talentosos operadores rodaron por el mundo en el nacimiento del cinematógrafo.
Se ha estrenado en salas la selección de un centenar de esas piezas por debajo del minuto de duración tejida y comentada por Thierry Frémaux. Más allá de los apuntes de la voz y la música superpuesta, no siempre demasiado enriquecedores, asombra que tras noventa minutos tu sensación sea de tal agrado que pensarías que apenas has consumido media hora. Porque uno de los efectos del cine es la suspensión ingrávida del tiempo. Resulta más ligera la sucesión de planos muchas veces estáticos en un blanco y negro primario que la mayoría de las secuencias elaboradas para televisión y cine actual con cientos de cortes y fragmentaciones de segundos. La aceleración nunca fue sinónimo de velocidad sino de confusión, por eso la gente más aburrida suele ser la que corre al hablar, como si le diera miedo que se entienda lo que está diciendo, y en cambio resultan amenos quienes tienden a expresarse con pausa y rigor.
Si aún no han ido a ver la película, corran a hacerlo. Y traten de arrastrar a los jóvenes que, nacidos en la esfera audiovisual, no se han preguntado jamás cómo sería el mundo antes de su retransmisión. En esa mezcla de antropología y placer que es la película ¡Lumière! Comienza la aventura hay contenido un ensayo sobre nuestra era. Nada mejor que remontarse a aquella pureza por mostrar lo que resultaba interesante, con aquellos encuadres y composiciones que arrancaban a proponer un lenguaje nuevo antes del barullo, para entender el efecto que esa invención ha tenido sobre nosotros. Cien años después todos llevamos algo parecido al cajón de los Lumière en nuestro móvil de bolsillo, pero braceamos para salir de la angustia oscura hacia alguna luz.
(David Trueba, El País, 24 de octubre de 2017)

POSIBLE RESPUESTA A LOS APARTADOS 1a, 1c y 2.

1a) TRES REDACCIONES DEL TEMA:
Una: Crítica de la complejidad del mundo actual en contraposición a la sencillez del anterior. 
Otra redacción del tema: desorientación ante los cambios tecnológicos (en concreto audiovisuales) y ejemplificado en el cine.
Otra: Posibilidades e interés del cine antiguo (mudo) en contraposición al mundo audiovisual en que vivimos.

1c) TIPOLOGÍA Y MODALIDAD:
En cuanto a la modalidad, es argumentativo: véanse la función apelativa del verbo en imperativo, el tipo de adjetivos, los elementos valorativos, y la subjetividad (intenta persuadirnos de las maravillas del cine mudo, y de la tecnología audiovisual del pasado).
El texto es periodístico, ya que ha sido publicado por un periódico generalista español, El País. Además, por lo expuesto en apartado 1b y en la modalidad, se puede afirmar que es de opinión. Esto a unido a su corta extensión me lleva a concluir que se trata de una columna.

2) TRES POSIBILIDADES DE RESUMEN:
Una: El texto trata sobre las diferencias entre la sociedad de antes y la actual, a raíz de la aparición de las nuevas tecnologías y redes sociales. El autor, David Trueba, recomienda a los jóvenes que vean una película que antologa la obra de los hermanos Lumiére. Ve en ella una vuelta a la pureza y el placer que antaño producía dicho espectáculo; y aboga por recuperar esa luz.
Otra posibilidad: El texto trata sobre la innecesaria y absurda complejidad del mundo actual; el autor se posiciona a favor de la pureza y sencillez de antaño. Para defender este argumento, pone como ejemplo el cine y las primeras piezas de los hermanos Lumiére.
Otra: El autor analiza la raíz del problema que tenemos con las nuevas tecnologías, en concreto el móvil y las redes sociales. Para ello se remonta al pasado de los dispositivos audiovisuales, el cinematógrafo. Afirma que el cine de los Lumiére es mucho mejor que las imágenes que tomamos ahora, a pesar de que hoy en día todo el mundo lleva una cámara en su móvil.