Tras el examen de ayer, os hago algunas indicaciones ortográficas sobre fallos que estoy viendo para que los evitéis, por favor: no solo en mi asignatura sino en todas.
GENTILICIOS: Los nombres de países y ciudades son nombres propios y, como tales, se escriben con mayúscula inicial: España, Siria, Irlanda, París, Barcelona... Pero los adjetivos relacionados con esas ciudades no son nombres propios así que no hay que escribirlos con mayúsculas: las españolas, los sirios, las irlandesas, las parisinas o la parisiense o el parisién, el barcelonés, etc.
ARTÍCULOS CONTRACTOS: Las palabras "del" (preposición "de" + artículo "el") y "al" (preposición "a" + artículo "el") se escriben juntas. Es incorrecto escribirlas separadas: * "de el" o * "a el" [el asterisco significa que es agramatical]. Por lo tanto no las escribáis separadas. Es un error grave. [Hay alguna excepción a esta regla, por ejemplo "Esta taza es de El Escorial", porque el nombre de esta población incluye el artículo en el nombre propio, pero son casos muy aislados, así que como regla general, escribidlo junto: "del" y "al".]
martes, 17 de noviembre de 2015
miércoles, 4 de noviembre de 2015
Glosario "Luces de bohemia" y Realismo/Naturalismo
sábado, 31 de octubre de 2015
jueves, 29 de octubre de 2015
Sobre el Romanticismo
Reproduzco un par de textos que ayudan a pensar la mentalidad romántica desde el siglo XXI. Octavio Paz es el autor de uno de ellos: poeta, ensayista mexicano indispensable. El libro del que está sacado merece mucho la pena si queréis adentraros en el mundo de la poesía. Y el otro tiene que ver con Frankenstein.
I
El romanticismo fue un movimiento
literario, pero asimismo fue una moral, una erótica y una política. Si no fue
una religión fue algo más que una estética y una filosofía: una manera de
pensar, sentir, enamorarse, combatir, viajar.
Una manera de vivir y una manera de
morir [véase Byron, Shelley o Keats].
Friedrich von Schlegel afirmó en uno de sus escritos
programáticos que el romanticismo no sólo se proponía la disolución y la mezcla
de los géneros literarios y las ideas de belleza sino que, por la acción
contradictoria pero convergente de la imaginación y de la ironía, buscaba la
fusión entre vida y poesía.
Y aún más: socializar la poesía.
El pensamiento romántico se
despliega en dos direcciones que acaban por fundirse: la búsqueda de ese
principio anterior que hace de la poesía el fundamento del lenguaje y, por
tanto, de la sociedad; y la unión de ese principio con la vida histórica. Si la
poesía ha sido el primer lenguaje de los hombres ―o si el lenguaje es en su
esencia una operación poética que consiste en ver al mundo como un tejido de
símbolos y de relaciones entre esos símbolos― cada sociedad está edificada
sobre un poema; si la revolución de la edad moderna consiste en el movimiento
de regreso de la sociedad a su origen, al pacto primordial de los iguales, esa
revolución se confunde con la poesía.
Blake dijo: «Todos los hombres son
iguales en el genio poético». De ahí que la poesía romántica pretenda ser
también acción: un poema no solo es un objeto verbal sino que es una profesión
de fe y un acto. Inclusive esta doctrina del «arte por el arte», que parece
negar esta actitud, la confirma y la prolonga: más que una estética fue una
ética, y aun, muchas veces, una religión y una política.
Octavio
Paz, Los
hijos del limo
II
EL
ROMANTICISMO COMO REACCIÓN A LA ILUSTRACIÓN
El siglo XVIII, “el siglo de las luces”, del racionalismo a ultranza, el siglo
que combatió la superstición y divinizó la ciencia, ha muerto por fin. Los
hombres han salido de él más frustrados, reprimidos e inexplicables que nunca.
El hombre echa una mirada a su alrededor y no entiende nada, sólo sabe que
sufre.
[...] A medida que la civilización
avanza, el hombre se siente cada vez más alejado de sí mismo y experimenta en
su propia carne la "infelicidad". Encerrado en las estrechas
fronteras de una razón utilitaria y conformista, hecha a la medida de una
burguesía que ve consolidar sus posiciones y que mide las conquistas humanas
usando el patrón de su bolsillo, oprimido por todo tipo de convenciones
sociales, religiosas o morales, el hombre siente cómo en su interior sigue
abierto el pozo, cada vez más profundo, de la insatisfacción y el desasosiego.
Y la rebelión estalla. La juventud,
nacida con el reciente siglo XIX en el seno de las mejores familias, enarbola
la bandera de lo irracional se lanza a la creación de una de las reacciones
vitales que más fecunda ha sido en el campo artístico y literario. De la
ciencia esclerotizada y la mezquina razón dieciochesca nace el monstruo
idealista, los suicidios precoces y el culto al mal que informan el
romanticismo.
¿Un paso atrás en el devenir
histórico? Aquellos sapientes y barbudos individuos dedicados con furor la tarea de ordenar, clasificar y legalizarlo
todo, aquellos sacrificados mártires de la ciencia empeñados en encontrar
explicaciones racionales a todos los fenómenos, aquellos severos moralistas,
dan paso a una generación que escupe su desprecio por las reglas, que maldice
la “normalidad” y “las buenas costumbres”, lanzándose con pasión a explorar lo
insólito, lo irracional y lo increíble.
Ciertamente, el tránsito del siglo
XVIII al XIX es, al mismo tiempo, un paso de lo real a lo fantástico, de lo
deducido a lo imaginado, de lo pensado a lo sentido, porque el hombre comienza
a experimentar en sí mismo que lo real, lo deducido y lo pensado pueden ser, en resumidas cuentas, unas
magníficas orejeras que le fuercen a mirar en una sola dirección, en la más
conveniente —¿para quién?—, mientras le impiden la visión de regiones
imprescindibles, sus propias regiones, los oscuros recovecos de su espíritu que
un largo período de tabúes y restricciones ha ido poblando de telarañas y de monstruos.
[M. Serrat Crespo:
"Introducción" a su ed. de Mary Shelley: Frankenstein, Bruguera (Barcelona, 1981), p.
7-8]
Texto argumentativo
Os copio el texto argumentativo que ha escrito Miriam Yunta (con algunos retoques) sobre la cuestión:
Escribe un texto argumentativo sobre el teatro y su relación con el cine y la televisión.
El teatro es una forma de entretenimiento, al igual que la televisión y el teatro. Ahora bien, es posible que sin el teatro no hubieran aparecido los otros dos.
Personalmente, considero el teatro una manera de entretener y educar más eficaz que la televisión y el cine. En la actualidad, y personalizando el tema, pocos de mis amigos preguntan "¿Vamos al teatro?". Suena extraño. Pero sí que es verdad que yo antepongo el teatro a la tele o el cine. En otras épocas, el teatro servía como una vía para educar; si esto era así hace siglos, ¿por qué ahora no sucede igual? Con esta manifestación artística hay algo que, desde mi punto de vista, se aprende esencialmente: perder el miedo a equivocarte. En la televisión pocos programas se emiten en directo. Casi todos han sido ya grabados y editados sin fallos (a excepción de las noticias, aunque no todas se emiten en absoluto directo: hay un retraso de unos segundos). En el cine ocurre lo mismo, y es verdad que a día de hoy es un entretenimiento caro, aunque seguimos prefiriéndolo al teatro. Hay otro factor decisivo, y es la relación directa que se establece en el escenario entre actores y público; imposible de conseguir en el cine o la televisión.
En conclusión, en el teatro los actores están mejor preparados para la improvisación, los tienes delante de ti, hay un contacto humano, que hace de este espectáculo una muy buena manera de aprender a afrontar la vida.
Escribe un texto argumentativo sobre el teatro y su relación con el cine y la televisión.
El teatro es una forma de entretenimiento, al igual que la televisión y el teatro. Ahora bien, es posible que sin el teatro no hubieran aparecido los otros dos.
Personalmente, considero el teatro una manera de entretener y educar más eficaz que la televisión y el cine. En la actualidad, y personalizando el tema, pocos de mis amigos preguntan "¿Vamos al teatro?". Suena extraño. Pero sí que es verdad que yo antepongo el teatro a la tele o el cine. En otras épocas, el teatro servía como una vía para educar; si esto era así hace siglos, ¿por qué ahora no sucede igual? Con esta manifestación artística hay algo que, desde mi punto de vista, se aprende esencialmente: perder el miedo a equivocarte. En la televisión pocos programas se emiten en directo. Casi todos han sido ya grabados y editados sin fallos (a excepción de las noticias, aunque no todas se emiten en absoluto directo: hay un retraso de unos segundos). En el cine ocurre lo mismo, y es verdad que a día de hoy es un entretenimiento caro, aunque seguimos prefiriéndolo al teatro. Hay otro factor decisivo, y es la relación directa que se establece en el escenario entre actores y público; imposible de conseguir en el cine o la televisión.
En conclusión, en el teatro los actores están mejor preparados para la improvisación, los tienes delante de ti, hay un contacto humano, que hace de este espectáculo una muy buena manera de aprender a afrontar la vida.
miércoles, 28 de octubre de 2015
"Remando al viento"
En este enlace podéis ver un programa de RTVE dedicado a la película de Gonzalo Suárez que he recomendado. Romanticismo, libertad, Frankenstein... Creo que podéis sacar muchas conclusiones para añadir a vuestro tema sobre el Romanticismo.
sábado, 24 de octubre de 2015
ALGUNOS CONSEJOS PARA REALIZAR EL EJERCICIO DEL TEXTO ARGUMENTATIVO
OPINIÓN ARGUMENTADA
[Se trata de la pregunta más subjetiva y la más difícil de trabajar, ya que depende de vuestra propia cultura general, de vuestra forma de ver el mundo, de vuestra capacidad lógica y argumental, que son cosas que no se pueden trabajar en un día]
Se seguirá la estructura básica de los textos argumentativos:
1. Breve introducción que, sin que suene demasiado a tópico, sirva para situar al lector.
2. Argumentación: es preferible seguir una estructura analizante (deductiva) —la sintetizante (inductiva) es mucho más literaria— porque es más eficaz de cara al tribunal; es bueno que sepan cuál es vuestra tesis desde el principio.
a. Defensa de tesis o idea fundamental.
b. Cuerpo y argumentos
i. Intentar no caer en argumentos afectivos (me emociona, me gusta) o experienciales (tengo una hermana que…).
ii. Los argumentos más valorados son los de autoridad (con citas o ejemplos sobre pensadores y referentes culturales: para esto hay que saberse algunos de memoria), de tradición (tópicos y contratópicos) y los argumentos de hecho (observables: por ejemplo, la evidente decadencia de la televisión es observable porque se pueden dar datos de sobra sobre todos los programas de cotilleo que hay, etc.), racionales (verdades admitidas por todos, aunque se pueden cuestionar estas verdades) y ejemplificaciones (ejemplos concretos pero que engloban al resto de argumentos).
c. Conclusión. Rescatar otra vez la defensa de tu tesis y cerrar con una frase contundente.
Errores que no hay que me cometer en una opinión argumentada. ¡Cuidado! pues la opinión no da puntos, pero dependiendo de lo que digas puedes caer mejor o peor:
- Nunca, nunca, hablar de política a no ser que te lo pidan (no lo suelen hacer).
- Si criticamos para mal, hablar en términos generales. No vamos a criticar a Tele 5, a El Mundo, al PP, al PSOE, sino a los medios de comunicación, a todos los partidos políticos…
- Una opinión argumentada no tiene por qué ser destructiva. Perfectamente se puede manifestar una opinión positiva sobre el tema (te puede parecer bien lo que echan por la tele porque por encima de todo prima la libertad de expresión).
- Funciona muy bien poner ventajas y desventajas de algo, opiniones favorables y desfavorables.
- Buscar siempre un argumento de actualidad (en Finlandia por ejemplo, en otros países, una novela que hayas leído, una viñeta en un periódico, lo que ha pasado con este programa de televisión) porque demuestra que estáis al día. Evidentemente esto exige que estéis al día en múltiples ámbitos.
- Nunca hay que ser demasiado tajante en las opiniones. No parecer un extremista sino manifestar tu opinión desde el equilibrio (tener talante).
- Los conectores aquí son muy importantes pero no hay que abusar de ellos pues enseguida se notan.
- Con poco menos de media cara es suficiente. Bien escrito, sin faltas, dejando márgenes, haciendo notar los distintos párrafos…
- No hables nunca de ti. Cuanto menos enuncies en primera persona de indicativo mejor, que parezca imparcial, hablar en tercera persona, pasivas, impersonales, etc., aunque puedes utilizar de vez en cuando la primera. Las oraciones impersonales (de se o pasivas reflejas, o genéricos: cualquiera, como suele decirse…) resultan muy eficaces a la hora de extender la opinión de uno a los demás, sin resultar tan evidente como sucede con la 1ª persona de plural (pensamos) o 2ª de singular (piensas).
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