miércoles, 2 de octubre de 2013

Un artículo sobre la huelga de profesores en Baleares: posicionaos a favor o en contra

Huelga en Baleares: hay que protestar, incluso cuando no sirve de nada

La participación de los docentes baleares en la huelga indefinida se mantiene a pesar de los altos costes individuales en los que incurren. Según Carles A. Foguet, las recientes manifestaciones masivas en apoyo a los profesores pueden provocar, a medio plazo, un cambio en la percepción social de la pertinencia y utilidad de las huelgas.

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La huelga indefinida de docentes en las islas Baleares y Pitiusas —en protesta por la aplicación súbita del decreto de trilingüismo impuesto por el Gobierno de Bauzá (PP)— ofreció este fin de semana unas imágenes poco acostumbradas, sacando a la calle a decenas de miles de ciudadanos apoyando las reclamaciones de los profesores. El síntoma definitivo de la gravedad de la situación es que la protesta ha sido apoyada incluso por correligionarios de Bauzá y, todavía más importante, ha despertado la simpatía entre sectores sociales que, a priori, estarían muy alejados tanto de la herramienta como de la causa.
El alcance de la onda expansiva de una huelga que ha dinamitado incluso las lealtades partidistas ha sido tal que a pesar de que no ha conseguido de momento derogar el decreto o retrasar su aplicación -sus objetivos explícitos- sí invita a replantearse la utilidad de la huelga como método de presión política.
La huelga, con seguimientos menguantes y de la que muchas veces se ha cuestionado su eficacia hasta el punto de considerarla como una herramienta obsoleta, revive con fuerza, precisamente, en un conflicto sectorial, que no es de raíz laboral —del que, en consecuencia, los huelguistas no esperan obtener beneficios individualizados— y cuya resolución parece apuntar contra los intereses sostenidos por sus promotores.
La pregunta pertinente, pues, ya no debería ser por qué se participa tan poco en las huelgas, sino por qué incluso con estas condiciones todavía hay quien decide tomar parte activa en ellas. Aun habiendo cierta perversión en reducir una movilización colectiva como la huelga a un cálculo coste —beneficio radicalmente individual, sin duda—, es mejor intentar encontrar la racionalidad subyacente a este comportamiento que despacharlo considerándolo irracional y perjudicial para quien lo lleva a cabo.
Las movilizaciones de los docentes, de hecho, niegan de plano la aplicación mecánica de la aproximación racional a la lógica de la acción colectiva, liderada por Mancur Olson, según la cual, si asumimos que el decreto de trilingüismo daña la educación pública en Baleares —un bien público—, deberían aparecer gorrones por doquier, individuos que no asumirían los costes individuales de movilizarse en su contra esperando gozar de los beneficios colectivos potenciales. Pero a la vista de la evolución de los índices de seguimiento, de nuevo, no está siendo este el comportamiento mayoritario. ¿Por qué?
El modelo de Olson, a pesar de su innegable utilidad analítica, fue acusado casi desde su publicación de ser estrictamente reduccionista con las motivaciones individuales para tomar partido en una acción colectiva como una huelga. En palabras de Fernando Aguiar y Andrés de Francisco, «¿qué se ha de entender por costes y beneficios de la acción colectiva para el individuo? ¿Acaso una persona no expresa sus principios y convicciones cuando participa en acciones colectivas? ¿Y no lo hace, a menudo, soportando un elevado coste (…)?»
Participar en una acción colectiva puede reflejar, también, la racionalidad expresiva de los individuos. Esto está en la base misma de lo que el Nobel de economía George Akerlof llamó «Economía de la identidad», que incluye la noción de identidad en el cálculo de utilidad, definiéndola como una red de creencias que el individuo tiene sobre sí mismo y sobre el mundo que quiere proyectar a través de sus acciones.
Akerlof desarrolló la teoría de la costumbre social para intentar ofrecer una explicación plausible de por qué sobreviven determinados comportamientos sociales que, como las huelgas, son claramente onerosos para los individuos que participan en ellos. En síntesis, la costumbre social es aquello que un individuo acepta hacer para seguir formando parte de un grupo. No es, en ningún caso, una imposición: es el mecanismo social complejo que permite que los individuos actúen de manera cooperativa guiados por motivaciones estrictamente egoístas.
Sin duda, a día de hoy, el seguimiento de una huelga parecería estar fuera de cualquier estándar mayoritario, ya que la presión social empujaba justo hacia el extremo contrario. Sin embargo, en Baleares los huelguistas no sólo no están siendo socialmente penalizados sino que parece haberse modificado momentáneamente la costumbre social a su favor.
En las islas se ha conformado una amplísima coalición transversal —quizá sólo coyuntural— que ve en la defensa de los docentes y el sistema de educación pública autóctono la frontera que define un modelo de convivencia determinado y que ahora se percibe en peligro. Una coalición que, sin duda, ha arraigado, entre otros motivos, por la existencia previa de un terreno abonado por la polarización política en las islas desde los noventa —y el aislamiento del Partido Popular—, la recurrente crisis económica y errores, de fondo y forma, del propio Gobierno de Bauzá.
El éxito o no de una huelga ahora es, si es que alguna vez fue otra cosa, una cuestión de percepción, que supera los límites de la relación empleado-empleador e, incluso, el alcance de la acción de los sindicatos mayoritarios al explicitar una correlación de fuerzas en la que cada cual puede alinearse con quien se sienta más identificado.
Desde esta nueva perspectiva sí se puede explicar tanto la caída en la intensidad del uso de las huelgas y su efectividad (con hipótesis que van desde la ruptura de vínculos sociales cooperativos hasta la progresiva desaparición de identidades de clase, sin olvidar avatares históricos concretos) como un previsible repunte futuro, en la dirección del cual apuntarían las movilizaciones en el archipiélago balear.
Una derivada interesante de lo anterior —y la prueba de que este cálculo es conocido y aceptado por las clases dominantes— es la aplicación del modelo también para desactivar las movilizaciones colectivas erosionando su seguimiento, a través de cambios en los términos de la ecuación para encarecer, todavía más, la participación individual.
Más allá de la estrategia obvia de penalizar económicamente la participación (en este caso, los aproximadamente 100 euros al día que le cuesta a cada docente seguir la huelga, compensados en parte con la solidaridad popular en forma de caja de resistencia), Gobierno y empleadores pueden dudar públicamente de la legitimidad de la convocatoria, cuestionar el uso del derecho a la huelga y su extensión o comunicar un porcentaje de seguimiento inferior al real. El elemento común de estas maniobras es que todas ellas persiguen dinamitar la costumbre social sobre la que se apoya la acción colectiva: aislar a los huelguistas, reducir los beneficios en reputación, estigmatizarlos por la vía de ponerlos en contra de una mayoría hasta ahora habitualmente silenciosa.
Tres estrategias que ya han sido explotadas por Bauzá y sus voceros mediáticos (en Baleares y desde Madrid) en apenas tres semanas de conflicto. Sin demasiado éxito, a la vista de los últimos acontecimientos, ya que han contribuido a relanzar la movilización y a hacer partícipe de ella a actores sociales no directamente afectados, más allá de las propias islas. Se diría que la estrategia gubernamental está teniendo justo los efectos contrarios de los deseados.
Y esto —el fracaso de las tácticas de desgaste— es lo realmente novedoso en este caso. Ya que ni su uso ni las movilizaciones que lo motivan tienen nada de nuevo. De hecho, la literatura académica las identifica claramente en un trabajo que ya cumple más de dos décadas.
A estas alturas, el Gobierno de Bauzá puede que esté ante una encrucijada que ofrece sólo dos malas alternativas. O bien retira la iniciativa y, con ello, asume la victoria de los huelguistas, legitimándoles a ellos y a sus herramientas de lucha, o bien mantiene el envite a riesgo de seguir emergiendo una nueva coalición del tejido cívico que lejos de abandonar la movilización por ineficaz, la mantenga y la adopte como patrón social dominante a partir de ahora.
Como decía Manuel de Pedrolo, de quien he tomado prestado el título para este artículo, hay que protestar incluso cuando no sirve de nada. Porque también en estas ocasiones es socialmente beneficioso hacerlo.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Artículo de Rafael Sánchez Ferlosio (siempre imprescindible) en El País

Todo por el tabaco

Bendito sería Rajoy si mandase a hacer gárgaras el proyecto de Eurovegas



     Mira que me hizo reir mi amigo Javier Marías, fumador (por tópico suele añadirse ‘empedernido’, pero no sé si en su caso sería injusto) y feroz enemigo de la ley antitabaco, con su rechifla de las convenciones, asambleas, congresos, sobre cualquier tema cultural, científico, humanista y hasta “solidario”; como hoy gustan de llamar a lo que antaño eran cócteles de la alta sociedad a beneficio de tuberculosos, en los inmensos salones y hoteles de Eurovegas, rechifla sobre la que se explayó en su página del suplemento ilustrado de EL PAÍS de los domingos de hará un año o cosa así.
     Me gustaría que las dudas de Rajoy sobre el proyecto del magnate norteamericano tuviesen, en el fondo, más que ver con los propósitos y promesas del Gobierno de luchar contra la corrupción nacional que con cualquier relajamiento de la ley antitabaco. A mí, que hará unos 10 años dejé de fumar —y aun antes fumaba muy poco— no me importa nada que se fume o no se fume; don Javier Marías en mi casa fumó lo que quería, y hasta me dio un poco vergüenza pedirle que me permitiese abrir la ventana, por el temor de parecerle uno de esos puritanos que hacen de ello cuestión moral. Lo que me importa es la tremenda fuente de corrupción que trae consigo el juego, no empezando siquiera por la prostitución —con su enorme incremento del tráfico internacional— sino por la propia corrupción económica (que el Gobierno, con todo el Parlamento, jura y perjura querer erradicar), que 700 hectáreas de circulación monetaria, con profesionales cambistas llegarían a desencadenar; me importa no sé si tanto como la permisividad con la prostitución de lujo que de todas las razas y de todos los países volará a ocupar su lugar detrás de las ruletas en los aviones particulares que los proxenetas profesionales al servicio de Mr. Adelson pongan gratuitamente a su disposición, tanto como esto, digo, me importa que el Gobierno no tenga la servidumbre (dicen que el propio Rajoy llegó a recibirlo casi como a un jefe de Estado —pero será una calumnia, ya verás—) de rebajarle al magnate, según se proyecta, del 45% —tipo máximo para el juego— al 10% de impuesto, o “dotando a los modelos de negocio como Eurovegas con una bonificación del 95% en el impuesto de transmisiones patrimoniales” [lo entrecomillado va copiado literalmente de EL PAÍS, porque no sé qué quiere decir, salvo que consiste en otro beneficio].
     Me gustaría que las dudas sobre el proyecto del magnate norteamericano tuviesen más que ver con la lucha contra la corrupción
     Queda la arquitectura, con ese monstruo de los rascacielos no sé si resucitado con la estúpida euforia del 2000, salvo que añadiéndole una virtud olímpica: “Altius”, “a ver quién lo hace más alto”. Hasta los países islámicos han entrado en esta carrera. Pues bien, nuestro magnate quiere hacer el rascacielos más alto de España. Los partidarios hablan de Las Vegas americanas, pero allí no eran ni son partidarios de plantar centros de juego cerca de los barrios donde vive la gente decente (por eso Las Vegas está en un desierto). Los rascacielos de nuestro magnate se verían desde todo Madrid, encima de todo Madrid, y es posible que una gran parte de Eurovegas resplandeciese como el infierno durante toda la noche.
     Bendito sería Mariano Rajoy si, fuese por el tabaco o no tan tabaco, mandase a hacer gárgaras el nauseabundo proyecto americano, y lograse que el magnate cogiese su avioneta para no volver más.

ALGUNOS CONSEJOS PARA REALIZAR EL EJERCICIO DEL TEXTO ARGUMENTATIVO


OPINIÓN ARGUMENTADA

[Se trata de la pregunta más subjetiva y la más difícil de trabajar, ya que depende de vuestra propia cultura general, de vuestra forma de ver el mundo, de vuestra capacidad lógica y argumental, que son cosas que no se pueden trabajar en un día]


Se seguirá la estructura básica de los textos argumentativos:
1.      Breve introducción que, sin que suene demasiado a tópico, sirva para situar al lector.
2.      Argumentación: es preferible seguir una estructura analizante —la sintetizante es mucho más literaria— porque es más eficaz de cara al tribunal; es bueno que sepan cuál es vuestra tesis desde el principio.
a.     Defensa de tesis o idea fundamental.
b.     Cuerpo y argumentos
                                               i.     Intentar no caer en argumentos afectivos (me emociona, me gusta) o experienciales (tengo una hermana que…).
                                             ii.     Los argumentos más valorados son los de autoridad (con citas o ejemplos sobre pensadores y referentes culturales: para esto hay que saberse algunos de memoria), de tradición (tópicos y contratópicos) y los argumentos de hecho (observables: por ejemplo, la evidente decadencia de la televisión es observable porque se pueden dar datos de sobra sobre todos los programas de cotilleo que hay, etc.), racionales (verdades admitidas por todos, aunque se pueden cuestionar estas verdades) y ejemplificaciones (ejemplos concretos pero que engloban al resto de argumentos).
c.     Conclusión. Rescatas otra vez la defensa de tu tesis y cierras con una frase contundente.

Errores que no hay que me cometer en una opinión argumentada. ¡Cuidado! pues la opinión no da puntos, pero dependiendo de lo que digas puedes caer mejor o peor:
-       Nunca, nunca, hablar de política a no ser que te lo pidan (no lo suelen hacer).
-       Si criticamos para mal, hablar en términos generales. No vamos a criticar a Tele 5, a El Mundo, al PP, al PSOE, sino a los medios de comunicación, a todos los partidos políticos…
-       Una opinión argumentada no tiene por qué ser destructiva. Perfectamente se puede manifestar una opinión positiva sobre el tema (te puede parecer bien lo que echan por la tele porque por encima de todo prima la libertad de expresión).
-       Funciona muy bien poner ventajas y desventajas de algo, opiniones favorables y desfavorables.
-       Buscar siempre un argumento de actualidad (en Finlandia por ejemplo, en otros países, una novela que hayas leído, una viñeta en un periódico, lo que ha pasado con este programa de televisión) porque demuestra que estáis al día. Evidentemente esto exige que estéis al día en múltiples ámbitos.
-       Nunca hay que ser demasiado tajante en las opiniones. No parecer un extremista sino manifestar tu opinión desde el equilibrio (talante).
-       Los conectores aquí son muy importantes pero no hay que abusar de ellos pues enseguida se notan.
-       Con poco más de media cara es suficiente. Bien escrito, sin faltas, dejando márgenes, haciendo notar los distintos párrafos…
-       No hables nunca de ti. Cuanto menos enuncies en primera persona de indicativo mejor, que parezca imparcial, hablar en tercera persona, pasivas, impersonales, etc., aunque puedes utilizar de vez en cuando la primera. Las oraciones impersonales (de se o pasivas reflejas, o genéricos: cualquiera, como suele decirse…) resultan muy eficaces a la hora de extender la opinión de uno a los demás, sin resultar tan evidente como sucede con la 1ª persona de plural (pensamos) o 2ª de singular (piensas).

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Un artículo de Juan José Millás del pasado agosto (PARA COMENTAR)

Un disgusto. O dos

Hay palabras que se pasan de moda: explotación laboral, colonialismo, imperialismo… Pero siguen provocando situaciones que elevan la irritación


Hablar de explotación laboral puede costarte aún el calificativo de paleomarxista. Con el acento en la primera parte del término. Antiguo, vamos, viejuno, carca, fuera de órbita. Porque lo guay es el capitalismo sangriento, el liberalismo económico, la economía financiera. Lo guay, lo cool, lo fresco, como se llame en este instante, es que se derrumbe en Bangladesh un complejo textil defectuoso y que se lleve por delante a 500 o 600 personas sin que se abra un sumario en ningún sitio. Si se te ocurre decir en una cena que nuestros pantalones vaqueros, nuestras camisas de colores, nuestros zapatos deportivos están manchados de sangre, o que los multimillonarios que aparecen en las revistas como ejemplo para la juventud emprendedora han amasado su fortuna con la piel y los huesos de miles de niños y de niñas que se dejan la vida por un euro al mes, te tacharán de aguafiestas, como si lo que estuviéramos viviendo usted y yo ahora mismo en esta parte del mundo fuera una celebración y no un funeral.
Pero a lo que íbamos, que ya no nos queda sitio, es que hay palabras que se apartan de la circulación sin que la realidad a la que nombran haya cambiado un ápice, signifique lo que signifique ápice. Tal y como demuestra la última aventura europea de Evo Morales, a quien vemos en la foto saludando al respetable, jamás el colonialismo y el imperialismo, términos absolutamente démodés, se atrevieron a tanto. ¿Cómo se explica esta disfunción continua entre las palabras y las cosas? Con muchas dificultades, claro, pues su mera denuncia puede costarle a uno un disgusto. O dos.

2º Bachillerato CURSO 2013-2014

Bienvenidos a este blog.
Soy vuestro profesor de Lengua y Literatura y utilizaré esta herramienta para estar en contacto con vosotros, e ir publicando entradas en las que podáis completar los conocimientos de Lengua castellana y Literatura que damos en clase. Mi idea es colgar los resúmenes de los temas y de las lecturas, poner enlaces a artículos de opinión que me parecen interesantes, así como a páginas, vídeos o presentaciones que puedan completar vuestra formación en la materia.
Disculpad mi torpeza tecnológica y tanto aquí como en el instituto me tenéis a vuestra disposición.
Un saludo.

(Las entradas anteriores no tienen directamente que ver con nuestra asignatura pero pueden resultaros curiosas)

miércoles, 27 de febrero de 2013

William Carlos Williams

La belleza es
                          un desafío a la autoridad